El Papa León XIV no quiere que su paso por Madrid sea un recuerdo pasajero. El pontífice ha venido a epatar, a dejar huella y a trazar un discurso valiente sobre los males que rodean a nuestra sociedad y a los que ya declaró la guerra en su encíclica Magnifica Humanitas: la soledad, las cadenas del mundo digital y la necesidad de reivindicar los valores que nos hacen humanos en una sociedad cada vez más tecnológica y robotizada. La actitud de León XIV es la de un Papa valiente.

Ha irrumpido en el Movistar Arena, que ha acogido el acto 'Tejer Redes con el mundo de la empresa, la educación, la cultura y el deporte', dirigiéndose al pasillo central y saludando a la gente de a pie que ocupaba las filas de la planta baja. Se ha parado con ellos, los ha saludado y ha bendecido a algún que otro bebé (deben quedar pocos sin la bendición ya en la capital). Un tiempo y unos saludos que no ha dedicado a la clase política, que ocupaba la primera fila. A León XIV se le ha humedecido la mirada ante los vítores y los aplausos que ha recibido por parte de los asistentes.

Los mensajes del pontífice en este acto se pueden resumir con esta frase: "Corremos el riesgo de ser expertos en los medios y eficaces para producir, pero inciertos acerca del porqué, para qué, con quién y para quién se produce". Ha llamado a cuidar el lenguaje escrito, oral y en el entorno digital. Toda expresión puede “herir o sanar". Y ha sido directo al reclamar "que el arte no tenga como fin solo a las élites”, “que el deporte no sea reducido a espectáculo o mero negocio”, y “que el progreso tecnológico tome en cuenta a los ancianos, a los pobres y a quienes no tienen voz”.

El Papa ha lanzado la siguiente pregunta: "¿Qué significa ser verdaderamente humano?". El pontífice ha señalado que la palabra cultura evoca “cultivo”, y ha invitado a preguntarnos “qué es lo que hoy sembramos, qué es lo que florece y qué se marchita silenciosamente en nuestra sociedad”. "Qué valores estamos preservando y cuáles estamos dejando morir".

El actor Antonio Banderas saluda al Papa León XIV (EFE).

El hilo conductor de su discurso entierra sus raíces en Magnifica Humanitas, la encíclica donde reivindica a la humanidad como timón ante el desarrollo tecnológico y la inteligencia artificial: "Esta Iglesia, experta en humanidad, aunque a veces camina contracorriente, insiste en que las estructuras económicas e institucionales son justas solo en la medida en que sirven al desarrollo integral de la persona y favorecen la participación responsable de todos". León XIV ha recordado a Pablo VI cuando afirmó ante las Naciones Unidas que “independientemente de la opinión que se tenga del pontífice de Roma, es bien conocida su misión. En cuanto a experta en humanidad, la Iglesia no se desentiende de nada verdaderamente humano”.

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Ha invitado al mundo de la economía, de la cultura, del arte, de la educación y del deporte a ser “hilos nuevos para tejer redes nuevas que armonicen todos los ámbitos de la vida”. También ha reivindicado al cristianismo como pilar de la cultura occidental: “¿En serio es posible creer que la Europa a la que tanto amamos sería ella misma sin la huella de la fe?”.

Se ha referido al mundo del deporte, para el que ha reconocido que "muchos aprendimos el respeto por el adversario en un campo de juego más que escuchando un discurso". A este respecto ha recordado a Juan Pablo II, que como deportista y pastor declaró: “En estos tiempos en que, por desgracia, diversas formas de violencia, y por lo tanto de odio, tienden a desgarrar nefastamente el tejido de la solidaridad social, vosotros los deportistas contribuís, por vuestra parte, a dar un testimonio luminoso de cohesión, de paz, de unión, en una palabra. De saber estar juntos”.

El Papa León XIV tras la actuación de la bailadora Sara Baras (EFE).

Su discurso ha estado repleto de menciones culturales españolas. Ha hecho hincapié en cómo la conciencia de sabernos hermanos se expresa con forma de “saeta en una Semana Santa, de poesía mística, de maestría literaria en autores como Lope de Vega, santa Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz y Calderón de la Barca". Tampoco se ha olvidado de Benedicto XVI, a quien ha acudido para rescatar aquella frase: "La fe es amor y por ello crea poesía y crea música. La fe es alegría y por ello crea belleza".

Antonio Banderas ha puesto la nota emocional inaugurando el acto con un sentido discurso en el que con voz quebrada ha narrado que nació en él "una pregunta que tenía una palabra: Dios". Banderas ha subrayado que fue "encontrando respuestas" en los ojos de su madre, y en la gente humilde de su ciudad, Málaga. "Estamos obligados a mirar y a ver, y a tratar de comprender las complejidades del alma humana. ¿Quiénes somos? ¿Qué sentido tiene el dolor? En un mundo que corre, que se fragmenta, el arte nos ayuda a recuperar la profundidad".

"El alma nos susurra que hay algo más, necesitamos seguir buscando belleza para también la verdad... Decís que los tiempos son malos; sed vosotros mejores y los tiempos serán mejores. Vosotros sois el tiempo, decía San Agustín", ha concluido el actor, descubriéndose como alguien que ha sido "víctima del hechizo de Dios".

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Las voces del sector económico han sido representadas por Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, Unai Sordo, secretario general de CCOO, Pepe Álvarez, secretario general de UGT y Ángela de Miguel, presidenta de Cepyme. Sus discursos se han alineado en reconocer la necesidad de que cada avance tecnológico tenga un discurso humanista. Quizá uno de los milagros del Papa haya sido que estos representantes de la empresa y los trabajadores hayan permanecido unidos y sin lanzarse ningún reproche.

También se han escuchado las voces de Carolina Marín, medallista olímpica en bádminton, y de Teresa Perales, deportista paralímpica que acumula 28 medallas en la disciplina de natación, y Sara Baras ha brindado al Papa una actuación de flamenco llena de coraje y emoción.

León XIV ha cerrado el acto con una cita de san Pablo para pedir al mundo de la cultura y la economía ser hilos nuevos: "Alegraos con los que están alegres, llorad con los que lloran. Tened la misma consideración y trato unos con otros, sin pretensiones de grandeza, sino poniéndoos al nivel de la gente humilde. No os tengáis por sabios. A nadie le devolváis mal por mal. Procurad lo bueno ante toda la gente. En la medida de lo posible y en lo que dependa de vosotros, manteneos en paz con todo el mundo". En definitiva, que siga resplandeciendo nuestra “magnífica humanidad”.