Cada ser humano rige su vida a partir de su brújula moral personal. Esta se construye en base a los conocimientos y experiencias que hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestra trayectoria vital, así como de la cultura en la que hemos crecido. Con esto en mente, tenemos el poder de decidir cuál será el siguiente paso que demos y en qué dirección.

Si bien existen factores externos que pueden condicionar parcialmente nuestras elecciones, es la última palabra la que nos pertenece en un debate entre varias alternativas. Por lo que la responsabilidad de nuestros actos debe asumirse siempre desde nuestro prisma propio, que es lo que nos define como individuo en este mundo.

Sócrates, filósofo griego: "No debemos considerar lo más importante vivir, sino vivir bien. Y el vivir bien es lo mismo que vivir con nobleza"El ConfidencialLa decisión del pensador ateniense de rechazar la huida de prisión y aceptar la muerte convirtió su juicio en uno de los episodios más influyentes de la historia de la filosofía occidental

Dicha cuestión ha sido tratada por diferentes pensadores de gran reputación a lo largo de la historia de nuestra especie. Y es que una de las disciplinas que más conversación ha generado en torno a este asunto es la filosofía, en la que figuras de gran relevancia como Demócrito proyectaron su perenne visión como parte de su legendaria impronta.

Fidelidad a nuestros valores

“Aunque estés solo, no debes decir ni hacer nada malo. Aprende a avergonzarte más ante ti que ante los demás”, pronunció el filósofo de la Antigua Grecia. Con estas palabras, el autor apuntaba a la moral como aspecto que nos enriquece a nivel individual, la cual debemos tener siempre presente en las diferentes situaciones que se nos presenta.

Diderot, filósofo: “Me gusta más que uno diga algo tonto sobre asuntos importantes que callar”P. M.Atreverse a esgrimir una opinión que pueda estar equivocada es una parte imprescindible para lograr el progreso.

Se trata de una cuestión alineada con los principios que mantenemos con nosotros mismos y la fidelidad que les profesamos en nuestra vida. Realizar una buena acción con el único objetivo de buscar validación ajena es, en sí mismo, un acto cuestionable, especialmente si no actuamos de dicha manera cuando nos encontramos en soledad.

Una buena acción debe contribuir a la mejora en mayor o menor medida de los demás, apoyada siempre en una intención pura de querer contribuir. Además, nosotros somos los primeros que debemos estar contentos con nuestra actitud, alejándonos de las presiones sociales que puedan modificar nuestro comportamiento para agradar al resto.