El 9 de junio, la segunda etapa de un cohete Zhuque-2E de la empresa china LandSpace se desintegró en órbita baja tras poner en órbita dos satélites de comunicaciones. Los expertos calculan que, ahora mismo, hay entre 100 y 150 fragmentos rastreables procedentes de esta etapa del cohete chino. La zona de escombros coincide con las altitudes donde operan tanto la Estación Espacial Internacional como una fracción significativa de la constelación Starlink. Esto significa que hemos estado muy cerca de una colisión entre objetos y satélites de Starlink que, como en un proceso de fisión nuclear, hubieran iniciado una reacción en cadena de destrucción en órbita. Esta vez la física jugó a favor: la fricción atmosférica arrastrará la mayoría de los fragmentos hacia la reentrada en cuestión de meses. La próxima vez puede no haber tanta suerte.

El fragmento principal del Zhuque-2E —3,35 metros de diámetro, 8 metros de longitud— orbita entre 335 y 424 kilómetros de altitud con una inclinación de 54,5 grados, trayectoria que cruza la de la ISS. Los satélites Starlink de nueva generación, que operan a altitudes inferiores al resto de la constelación, han quedado temporalmente expuestos al campo de escombros. Según Darren McKnight, experto en inteligencia orbital de LeoLabs, el incidente es "un leve problema de seguridad espacial", pero afirma que el episodio no puede leerse de forma aislada. La clave que evita el desastre esta vez es la altitud: los objetos por debajo de 650 kilómetros sucumben a la resistencia atmosférica en meses. Los que orbitan por encima de ese umbral pueden permanecer como proyectiles activos durante décadas.

El manual de China para destruir los portaviones de EEUU a 3.000 km de distanciaOmar KardoudiCientíficos militares chinos han publicado una hoja de ruta detallada para hundir un grupo de combate de portaaviones estadounidense desde 3.000 kilómetros de distancia. El objetivo: Guam

Según el Mando Espacial de Estados Unidos, "los fragmentos rastreados se están incorporando a la evaluación rutinaria de objetos para apoyar la seguridad de los vuelos espaciales. Actualmente no hay amenazas para los vuelos espaciales tripulados".

El peligro del síndrome de Kessler

El síndrome de Kessler describe una reacción en cadena: una colisión genera escombros, los escombros provocan más colisiones, cada impacto multiplica la nube de metralla hasta hacer la órbita baja permanentemente innavegable. No es un escenario teórico. Es una progresión matemática que se activa cuando la densidad de objetos supera un umbral crítico. Según Jonathan McDowell, astrofísico del Centro Harvard-Smithsoniano de Astrofísica, "cuantos más satélites tienes, mayor es la probabilidad de una colisión... Y el problema es que una vez que tienes la primera colisión, los escombros de esta amenazan ahora a todos los demás satélites". Avi Loeb, astrofísico de Harvard, lo formula en términos de amenaza sistémica: meter un millón de estructuras masivas en órbita baja "plantea un riesgo grave de colisiones, donde los escombros desencadenarían catastróficamente una reacción en cadena". Un campo de metralla generado por Kessler no respeta fronteras, no discrimina entre satélites militares y civiles, y no tiene fecha de caducidad. Podría inutilizar el espacio durante generaciones.

La etapa superior de un cohete de Landspace.

Los antecedentes chinos agravan el diagnóstico. McKnight recuerda que "tres de los cuatro mayores eventos de fragmentación en órbita baja son de origen chino, y dos de ellos corresponden a explosiones de etapas superiores chinas en los últimos cuatro años". Dos explosiones anteriores de etapas del cohete Long March 6A dispersaron más de mil fragmentos en planos orbitales más elevados. Por su altitud, esos fragmentos permanecerán como proyectiles activos durante cientos de años. En la última media década, la masa de etapas chinas abandonadas en órbita alta ha aumentado un 150%, mientras las cifras rusas y estadounidenses se mantienen estables o decrecen.

Starlink amplifica el riesgo

SpaceX opera más de 10.000 satélites activos —el 66% de todo el hardware operativo en órbita terrestre— y planea llegar a entre 34.000 y 75.000 unidades. En enero solicitó a la Comisión Federal de Comunicaciones autorización para lanzar un millón de satélites adicionales. Cada unidad Starlink está diseñada para cinco años de vida útil. Con 30.000 unidades en rotación permanente, la aritmética del fallo es implacable, dice McDowell: "Incluso con una tasa de éxito del 99% en la desorbitación, una tasa de fallo del uno por ciento en una constelación de 30.000 satélites significa que estás añadiendo 300 satélites muertos de varios cientos de kilos a la órbita cada cinco años". Un Starlink defectuoso ya dispersó fragmentos metálicos en la exosfera el 17 de diciembre de 2025. La estación espacial china Tiangong tuvo que ejecutar dos maniobras de emergencia para esquivar hardware de Starlink. La Administración Federal de Aviación estadounidense concluyó en 2023 que los escombros en caída podrían causar víctimas civiles antes de 2035.

Satélites Starlink esperando ser desplegados en órbita terrestre. (SpaceX)

Según McDowell, "si tienes 10 veces más satélites, tienes 100 veces más casi accidentes. Así que, solo desde ese punto de vista, consolidar en un número menor de satélites parece más sensato". SpaceX ha ejecutado 50.000 maniobras de evasión autónomas desde 2019 para evitar colisiones. Con un millón de satélites en órbita, ese sistema tendría que gestionar una densidad de tráfico sin precedentes, en un entorno donde cada nuevo campo de escombros —como el generado por el Zhuque-2E— reduce el margen de maniobra disponible. El estudio europeo ASCEND concluyó que los centros de datos orbitales deberían limitarse a 1.000 unidades situadas a 1.400 kilómetros de altitud para no comprometer la seguridad orbital. SpaceX solicita autorización para mil veces más.

La norma internacional vigente exige conservar combustible suficiente para ejecutar una reentrada controlada al final de la vida útil de cada etapa. El Zhuque-2E no la cumplió. La gran mayoría de los escombros orbitales persistentes proceden de lanzamientos soviéticos y rusos, seguidos de Estados Unidos y China. Pero ningún organismo internacional tiene autoridad ejecutiva para imponer sanciones ni forzar el cumplimiento de los estándares de seguridad orbital. McDowell dice que "no debería ser solo Estados Unidos quien lo decida. Debería ser decidido por todos los países del mundo porque todos se ven afectados, sean potencias espaciales o no". El incidente del Zhuque-2E se resolverá sin consecuencias graves gracias a la altitud. Pero cada explosión no planificada, cada satélite muerto que no se deorbita, cada constelación que se despliega sin consenso internacional estrecha el margen antes de que la primera colisión en cadena lo convierta en un problema sin solución posible.