La ansiedad se ha convertido en uno de los problemas emocionales más frecuentes de nuestro tiempo, impulsada por factores como el estrés, la presión laboral, las preocupaciones económicas o la hiperconexión. En este contexto, la psicóloga Ana Asensio pone el foco en un gesto cotidiano que puede ayudar a recuperar la calma: abrazar a una persona cercana durante al menos ocho segundos.
“Abrazar a alguien cercano durante ocho segundos es un ansiolítico para el cerebro: el cuerpo se desactiva y se calma al instante”, afirma la especialista. Según explica, no se trata de un abrazo rápido o automático, sino de mantener el contacto con intención durante unos segundos para favorecer una respuesta fisiológica de relajación. El olor, el contacto físico y la cercanía con una persona de confianza pueden contribuir a que el organismo pase de un estado de alerta a otro de mayor tranquilidad.
Asensio señala además que un abrazo de ocho segundos ya puede generar una sensación de calma, aunque también menciona que una mayor frecuencia podría reforzar sus efectos sobre el bienestar emocional. La psicóloga insiste en que el contacto debe ser sincero y mantenerse el tiempo suficiente, preferiblemente pecho con pecho, para que el cuerpo tenga margen de reaccionar a ese estímulo afectivo.
Uno de los mecanismos relacionados con esta sensación de bienestar es la oxitocina, conocida popularmente como la hormona del vínculo o del afecto. Esta sustancia está vinculada con las relaciones de confianza y seguridad y puede intervenir en la regulación del estrés. Además, el contacto físico afectivo puede asociarse con una disminución de la tensión, de la frecuencia cardiaca y de la activación corporal, favoreciendo una sensación general de relajación.
La especialista también apunta que prolongar el abrazo hasta unos veinte segundos podría potenciar esa respuesta emocional positiva. No obstante, este tipo de afirmaciones deben entenderse como una forma de explicar el efecto del contacto humano sobre el bienestar y no como una equivalencia clínica. Un abrazo no sustituye a los tratamientos psicológicos o médicos que puedan ser necesarios en casos de ansiedad persistente o depresión.
Por tanto, los abrazos pueden convertirse en un recurso sencillo para reducir momentáneamente el estrés y recuperar una sensación de seguridad, especialmente cuando se producen entre personas con un vínculo cercano. El mensaje de Ana Asensio pone en valor algo tan cotidiano como detenerse unos segundos y mantener el contacto: un gesto pequeño que puede ayudar al cuerpo a abandonar temporalmente el estado de alerta y favorecer la calma.