Felipe Isidro, catedrático en educación física sostiene que el cuerpo puede mostrar dificultades funcionales antes de que la reducción de masa muscular sea detectable mediante una prueba DEXA u otro método de composición corporal. Levantarse cinco veces de una silla en unos siete segundos puede servir para valorar la función muscular en una mujer de entre 45 y 50 años.

El experto explica que superar ese tiempo podría advertir de una pérdida de capacidad física. Así lo ha señalado durante su intervención en el pódcast SHE Science, donde ha defendido la importancia de atender a la fuerza y al rendimiento cotidiano.

«Antes de perder masa muscular ya nos avisa el cuerpo y estamos perdiendo fuerza y función», afirma Isidro. Según el experto, ese deterioro puede aparecer entre tres y cuatro veces antes de que la pérdida muscular se identifique por medio de las técnicas destinadas a analizar la composición corporal.

La prueba para comprobar tu función muscular

Algunas actividades habituales pueden revelar que la función muscular está empeorando. Necesitar apoyarse para incorporarse de una silla, encontrar cada vez más difícil subir escaleras o moverse con mayor lentitud son algunas de las señales mencionadas por Isidro en el pódcast.

Para comprobar esa capacidad propone un ejercicio sencillo: sentarse y levantarse de una silla cinco veces consecutivas, tratando de completar los movimientos con la mayor rapidez posible. «Tendríamos que estar en una mujer de 45 o 50 años tardando siete segundos», apunta el catedrático. Si necesita más tiempo, considera que puede estar disminuyendo su habilidad para aplicar fuerza con rapidez.

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Este resultado funciona como una señal para prestar atención al estado físico y actuar, no como un diagnóstico por sí solo. El objetivo es detectar el deterioro antes de que las dificultades condicionen tareas tan básicas como incorporarse sin ayuda. Isidro avisa de que dejar pasar esas primeras señales puede provocar que el tiempo necesario para completar la prueba aumente progresivamente. La recomendación del especialista es intervenir antes de que la merma funcional se convierta en una limitación para la autonomía.

«No hay que esperar a tener una limitación para actuar», recalca . Su planteamiento consiste en cuidar la capacidad física con antelación para retrasar todo lo posible la aparición de dificultades. El experto compara esa preparación con un plan de jubilación: las aportaciones realizadas con tiempo permiten disponer de una reserva en el futuro. Trasladado al ejercicio, trabajar la fuerza supone invertir en la autonomía de los próximos años.