La llegada a la Luna también dependió de quienes escribieron las instrucciones que guiaban a las naves. Margaret Hamilton, pionera de la ingeniería de software y responsable de equipos de programación del Apolo, falleció el 30 de septiembre a los 90 años, según informó el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) el 7 de octubre.
Su carrera comenzó con un trabajo temporal relacionado con la predicción meteorológica y terminó convirtiéndola en una figura fundamental de la informática. Durante su trayectoria participó en el desarrollo de sistemas capaces de responder a errores, dirigió equipos, fundó empresas y defendió que el software debía recibir el mismo reconocimiento que otras ramas de la ingeniería.
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«Decir que Margaret Hamilton fue una pionera —decir que se adelantó a su tiempo— sería quedarse corto. Era ingeniera de software en una época en que ese campo estaba en sus inicios, y no solo desarrolló código avanzado, sino que también lideró un equipo que utilizó esa tecnología naciente para desarrollar uno de los sistemas más complejos que la humanidad jamás haya logrado», afirma Olivier de Weck, director interino del Departamento de Aeronáutica y Astronáutica.
De las Matemáticas a la programación
Hamilton nació en Paoli, Indiana, en 1936. Comenzó sus estudios de Matemáticas en la Universidad de Michigan en 1955 y después se trasladó al Earlham College, donde se graduó en 1958 con formación complementaria en Filosofía. Un año más tarde se mudó a Boston con su marido, que estudiaba Derecho. En el MIT encontró un puesto temporal en el departamento de Meteorología. Allí trabajó con Edward Lorenz en programas de predicción del tiempo, una experiencia que supuso su entrada en la programación informática.
Margaret Hamilton. (MIT)
En 1961 se incorporó al Laboratorio Lincoln para participar en el proyecto SAGE, un sistema de defensa aérea estadounidense. Su trabajo consistía en desarrollar software para detectar aeronaves potencialmente hostiles. Aquella etapa reforzó su interés por una cuestión que acompañaría el resto de su carrera: cómo conseguir que los programas fueran fiables y pudieran responder ante fallos.
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Según el relato del MIT, en 1965 su marido encontró un anuncio del Laboratorio de Instrumentación que buscaba profesionales para desarrollar software destinado a «enviar al hombre a la luna». Hamilton solicitó el puesto y comenzó a trabajar en el programa Apolo. Primero participó en las misiones no tripuladas y después asumió responsabilidades sobre el software de vuelo de las misiones con astronautas. En 1968 era subdirectora a cargo del equipo del módulo de mando y servicio, dentro de un proyecto en cuyo software trabajaban más de 400 personas.
Uno de los episodios que ilustran su preocupación por anticipar errores tuvo como protagonista a su hija Lauren. Con cuatro años, la niña activó en un simulador un programa previo al lanzamiento mientras se reproducía un vuelo. El sistema falló y Hamilton propuso medidas para impedir que sucediera durante una misión real. Inicialmente se consideró que los astronautas no cometerían ese error. Sin embargo, durante el Apolo 8, Jim Lovell activó inadvertidamente el mismo programa y se perdieron datos de navegación. El equipo intervino para resolver el problema y después se incorporaron las modificaciones propuestas.
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La prueba más conocida llegó durante el Apolo 11, en julio de 1969. En pleno descenso del módulo Eagle, el ordenador de a bordo emitió una alarma por sobrecarga. La situación podía comprometer el procedimiento de alunizaje. El software desarrollado por el equipo de Hamilton permitía priorizar las operaciones esenciales y apartar tareas que no eran imprescindibles en ese momento. Esa capacidad de respuesta contribuyó a que el descenso pudiera continuar y los astronautas alcanzaran la superficie lunar.
Autora de más de 130 publicaciones, Hamilton recibió numerosos reconocimientos. Entre ellos destaca la Medalla Presidencial de la Libertad, que Barack Obama le entregó en 2016. “Margaret Hamilton ha sido una fuente de inspiración para generaciones de informáticos e ingenieros. Su trayectoria profesional estuvo dedicada a prevenir errores y a lo que ella llamaba ‘manejar lo desconocido’”, señala De Weck en el homenaje del MIT.