Tener acceso a más información y vivir rodeados de avances tecnológicos no resuelve necesariamente las preguntas sobre el sentido de la vida. Esa distancia entre el progreso material y las inquietudes personales centra la reflexión de Manuel Sans Segarra en su nuevo libro, La humanidad en crisis. El autor es médico especializado en cirugía general y digestiva. En los últimos años ha adquirido notoriedad como conferenciante y autor por sus planteamientos sobre la conciencia y las experiencias cercanas a la muerte.

Una crisis que sitúa en la identidad humana

En la entrevista con Manso, Sans Segarra sostiene que el origen del malestar colectivo debe buscarse más allá de los problemas inmediatos. Desde su perspectiva, «la humanidad está en crisis pero en el fondo, la realidad de esta crisis de la humanidad no es ni tecnológica, ni es económica, ni es política, sino que la realidad profunda y real de esta crisis es un problema existencial».

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Su explicación gira alrededor de las preguntas sobre quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. «La falta de respuesta a estas preguntas existenciales es lo que realmente nos ha abocado a una situación de crisis», afirma. El cirujano vincula esa búsqueda pendiente con el peso que atribuye al materialismo. En su interpretación, identificarse exclusivamente con el cuerpo y la mente deja fuera una dimensión espiritual que considera esencial.

Qué entiende por ego

El concepto que articula su discurso aparece resumido en una frase: «Porque hemos hipertrofiado el ego. El ego es nuestra falsa identidad. Yo le llamo el no-yo». Sans Segarra lo describe como una construcción mental asociada a la vida material. A su juicio, el problema surge cuando esa forma de entenderse a uno mismo ocupa todo el espacio. «Y este ego hipertrofiado es el que nos ha tapado, ha evitado que se manifieste nuestra auténtica identidad».

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Sin embargo, también reconoce su utilidad para organizar las tareas, tomar decisiones y desenvolverse en el día a día. Su propuesta consiste en controlar el ego, no en suprimirlo: «No podemos eliminarlo, pero este ego tiene que estar controlado por encima por nuestra auténtica identidad».

Esa identidad remite a lo que el autor denomina «supraconciencia», una dimensión espiritual dentro de su planteamiento sobre el ser humano. La obra desarrolla esta perspectiva junto a reflexiones sobre la hiperconectividad, la inteligencia artificial y la pérdida de contacto personal. Frente a una vida centrada en el reconocimiento y las posesiones, Sans Segarra propone prestar más atención a la empatía, el altruismo y la compasión. Su reflexión invita a revisar qué lugar ocupan los vínculos y el propósito personal entre las obligaciones cotidianas.