Un silencio, un saludo o unos pasos pueden adquirir un significado distinto cuando la convivencia se vive con miedo. El psicólogo Tomás Navarro aborda la hipervigilancia en el hogar, una situación en la que anticipar las reacciones de otra persona ocupa el espacio que debería corresponder al descanso y a la tranquilidad.
“Cuando un hogar no es un hogar y la hipervigilancia que provoca. ¿Cómo no vas a estar alerta si tu calidad de vida e incluso tu seguridad depende de verla venir? Cuando un hogar no es un hogar, no es un refugio, es un peligro, es una amenaza. Y cuando te sientes amenazado tienes que estar hiperatento”, explica Navarro.
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Su reflexión sitúa el origen de esa atención constante en la necesidad de protegerse. Los detalles cotidianos dejan de pasar inadvertidos porque pueden anunciar una discusión o una reacción que se teme. “Aprendes a vivir en alerta continua y a interpretar ese silencio. Cambios en el tono. Aprendes a escuchar incluso sus pisadas. Depende de cómo veas las pisadas y dices, ay, va a entrar a la habitación y me la va a liar”.
“Leer el ambiente, como un agente de la CIA, no es un capricho. Lo haces para estar en paz y para evitar peligros. Y es que hay gente que tiene que escanear la vida en vez de estar tan tranquilamente. No vive, no vive y escanea”.
Sobreanalizar y necesitar tenerlo todo controlado
El psicólogo vincula esa experiencia con formas de actuar que pueden mantenerse más allá del momento de amenaza. “Bueno, pues esta hipervigilancia, que cómo no vas a tener ansiedad, lógicamente, provoca muchas consecuencias, muchos traumas, o muchas características incluso de personalidad”. Entre las respuestas que describe aparece la revisión constante de cada gesto o palabra. “Primero, sobreanalizar. Se analiza todo. Porque cuando estás en peligro constante o en bronca constante, cualquier detalle puede suponer la diferencia entre una bronca o un poquito de paz”.
La necesidad de control también responde a ese intento de anticipación. “Necesitas controlar. Tienes todo controlado para saber de dónde te va a venir la bronca o el drama. O el maltrato físico o emocional. Estás en hipervigilancia continua”.
@tomasnavarropsi Explico las secuelas que provoca tener una madre o padre tóxico, desde hipervigilancia, hasta sobreanálisis. ¿Cómo no vas a tener ansiedad? No cariño, lo tuyo no es intuición, lo tuyo es la secuela de haber tenido que detectar un cambio de humor en tu madre psicópata, supervivencia pura. Hay agentes de la CIA menos preparados que tú para leer la cara y las emociones, hay TACs menos precisos que tu capacidad para analizar a la gente. Cuando tu casa no es un hogar, es un lugar en el que no te puedes relajar, en el que aprendes a vivir en alerta y aquí te cuento las principales secuelas de vivir siempre en alerta para poder protegerte o vivir en paz. #familiastoxicas ♬ so original - Tomás Navarro Psicólogo
Navarro también se detiene en los sobresaltos y en la dificultad para abandonar ese estado de alerta. “Eso significa que estás siempre alerta. Entonces, te toca y te sobresaltas. Y eso genera ansiedad en la vida adulta. Hay una incapacidad para relajarse. ¿Cómo te vas a relajar? O sea, es que es imposible. Porque en cualquier momento puedes recibir un ataque.Y te acabas convirtiendo en un experto en detectar tensión”, explica.
Sin embargo, estar pendiente de las emociones ajenas no implica interpretarlas siempre correctamente. “Y muchas veces tenemos a grandes expertos en detectar emociones. Lo que pasa es que a veces se condiciona. Y el miedo a sufrir puede distorsionar ese análisis”.