Foto: EC

El gotelé sigue siendo uno de los acabados más reconocibles en las paredes de las viviendas españolas y una de las primeras cosas que muchos propietarios se plantean cambiar al reformar. Su popularidad y el posterior rechazo forman parte de una historia que Pepe Luna, pintor profesional y empresario de Pinturas Blatem, conoce desde el oficio. En Oficios Podcast ha repasado cómo empezó a fabricarlo y qué explica, a su juicio, el desgaste de esta técnica.

Antes de centrar su actividad en la fabricación, el trabajo en las obras le permitió conocer las necesidades de quienes aplicaban sus productos. La demanda del acabado rugoso abrió una oportunidad: «Cuando salió el gotelé teníamos gente que la contratábamos solamente para que nos hicieran gotelé», recuerda. El interés de los clientes acabó marcando el siguiente paso: «Bueno, si se vendía tanto gotelé, pues nosotros teníamos que fabricar gotelé».

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La aceptación no fue inmediata. Durante un encargo para pintar un banco, algunos aplicadores rechazaban su producto. Luna decidió comprobar qué ocurría si lo utilizaban sin reconocer la marca. Para ello, colocó su gotelé en bolsas de otro fabricante. Según cuenta en el pódcast, quienes antes lo cuestionaban elogiaron entonces el resultado. Aquella prueba le dio confianza para comercializarlo.

Respecto al gotelé, Luna encuentra un paralelismo con otras modas de decoración que terminaron saturando los interiores: «Fue un boom y todas las cosas cuando tú abusas de ello, pues de todo siempre se vuelve atrás. Ha pasado con el papel pintado, ha pasado con el gotelé y eso no quiere decir que sea malo el gotelé». Su crítica apunta al uso que se hizo de él en las obras: «Lo que pasa es que fue muy cómodo disimular todos los defectos de la construcción, pero si el gotelé tú haces un gotelé bueno, bien hecho, lo aplicas bien aplicado y lo trabajas bien, no es feo».

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El problema llegó cuando se extendió sin medida y se convirtió en una solución para cubrir cualquier superficie, independientemente del trabajo previo: «Pero si ya abusas, techos, paredes, todo de gotelé. Puede estar hecho una porquería. Todo lo tapa el gotelé». Para el pintor, esa forma de utilizarlo acabó perjudicando la percepción del acabado: «Tú estás abusando del gotelé, no estás haciendo el trabajo que tiene que hacer el gotelé. Y yo creo que fue eso. Entonces fue un abuso. Va bien para algunas cosas».