Foto: EC
Rusia tiene un nuevo problema en el espacio y esta vez afecta a uno de sus proyectos tecnológicos más ambiciosos. Dos satélites de Rassvet-3, la constelación con la que Moscú pretende plantar cara a Starlink, están perdiendo altura a un ritmo preocupante. Su trayectoria apunta a un desenlace poco favorable: ambos podrían reingresar en la atmósfera terrestre en cuestión de semanas, antes de llegar a prestar el servicio para el que fueron diseñados.
Los satélites afectados son el RASSVET-3 17 y el RASSVET-3 23, lanzados el pasado 19 de julio desde el cosmódromo ruso de Plesetsk. Según los datos de seguimiento orbital de SONIKS, actualizados el 13 de octubre, ambos se encuentran a unos 250 kilómetros de la Tierra, muy por debajo de los entre 480 y 512 kilómetros alcanzados por la mayoría de los otros 14 satélites del mismo lanzamiento. Las previsiones tampoco son alentadoras: el RASSVET-3 23 podría reingresar en la atmósfera el 29 de octubre y el RASSVET-3 17, el 1 de noviembre. No obstante, se trata de estimaciones provisionales que pueden variar a medida que se disponga de nuevos datos orbitales.
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El misterio detrás de la caída de los satélites rusos
Lo más llamativo es que estos satélites debían ascender desde una órbita inicial de unos 300 kilómetros utilizando sus propios motores de propulsión de plasma, pero ninguno de los dos ha logrado seguir el camino del resto de la constelación. Por ahora, Bureau 1440, la empresa rusa responsable del proyecto, no ha reconocido ningún fallo técnico ni ha confirmado la pérdida de los dispositivos. La incógnita sigue abierta: los datos orbitales permiten comprobar que están perdiendo altura, pero no explican qué está provocando su descenso ni si sus sistemas de propulsión han dejado de funcionar.
Lanzamiento de un cohete Soyuz-2.1b desde el cosmódromo ruso de Plesetsk, en una imagen de archivo. (Bureau 1440)
No sería la primera vez que la constelación rusa pierde uno de sus satélites. El RASSVET-3 4 ya reingresó en la atmósfera terrestre el pasado 6 de junio, tras permanecer apenas 75 días en órbita. A este antecedente se suma otra incógnita: la altitud definitiva a la que deberían operar los satélites Rassvet. Aunque Bureau 1440 mantiene los 800 kilómetros como objetivo, varios dispositivos se han estabilizado alrededor de los 500 kilómetros. Esta diferencia no es menor: volar más cerca de la Tierra reduce la latencia de las comunicaciones, pero también obliga a desplegar más satélites para ofrecer una cobertura continua.
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El "Starlink ruso" esconde una segunda misión
Rassvet es la gran apuesta de Moscú para competir con Starlink, la red de internet por satélite de SpaceX. La constelación rusa promete conexiones mediante enlaces láser, velocidades de hasta 1 Gbps y una latencia inferior a 70 milisegundos. Pero sus objetivos van más allá de ofrecer internet desde el espacio. Según advierte el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), incluso una red parcialmente operativa podría permitir a Rusia mejorar el control remoto de drones y otros sistemas no tripulados utilizados en sus ataques contra Ucrania.
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Sin embargo, conseguir una cobertura estable y sin interrupciones sigue siendo uno de los grandes obstáculos para Rusia. Según las estimaciones recogidas por el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), Moscú necesitaría entre 200 y 250 satélites en órbita para garantizar una conexión continua, un objetivo que se complica por las limitaciones de sus lanzamientos y los problemas técnicos del programa. Aunque Bureau 1440 planea poner en órbita cientos de satélites mediante decenas de nuevas misiones, la posible pérdida de otros dos dispositivos supone un nuevo revés para una tecnología cuyo futuro no solo se juega en el espacio, sino también en la guerra de Ucrania.