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El cambio de hora de octubre vuelve a poner el descanso y la organización de nuestras rutinas sobre la mesa. En la madrugada del sábado 24 al domingo 25 de octubre de 2026, los relojes se retrasarán una hora: a las tres serán las dos, y en Canarias, a las dos será la una. El ajuste recupera el horario de invierno y reabre el debate sobre cuál convendría mantener durante todo el año.
El neurólogo Gurutz Linazasoro aborda esta cuestión partiendo de la relación entre la luz natural y el funcionamiento del organismo. Su reflexión comienza con una pregunta: «¿Sabías que la evidencia científica dice que el horario de invierno es el que mejor se adapta a nuestros ritmos biológicos?». Antes de desarrollar su preferencia, distingue entre las consecuencias del ajuste puntual y la elección de un horario permanente.
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Sobre el primero de esos asuntos, Linazasoro pide interpretar con cautela los resultados de las investigaciones: «En primer lugar, habría que decir que no hay una evidencia científica concluyente de que el cambio de hora afecte negativamente a la salud. Hay estudios observacionales que muestran asociaciones entre el cambio de hora y algunas leves alteraciones en las emociones o en la función cognitiva, que son siempre leves y transitorias». Es la valoración del neurólogo sobre unos efectos cuya relevancia continúa siendo objeto de estudio.
Su propuesta pasa por evitar las modificaciones estacionales y dar estabilidad al calendario cotidiano. Al mismo tiempo, recuerda que los desplazamientos también pueden alterar nuestros horarios: «Dicho esto, lo más conveniente sería mantener siempre el mismo horario y no estar sometidos a cambios de hora, aunque, realmente, en una sociedad tan viajera como la que vivimos, tenemos cambios de hora prácticamente cada vez que hacemos un viaje al extranjero».
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Para elegir entre las dos opciones, el especialista se fija en cómo encajan nuestras actividades con el ciclo de luz y oscuridad: «El mejor horario sería el de invierno porque es el que sincroniza mejor los ritmos circadianos con el horario de salida y de puesta de sol y con las actividades que realizamos en la vida diaria». La Sociedad Española de Sueño también defiende mantener el horario de invierno de forma permanente por su mejor correspondencia con el reloj biológico.
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La elección tendría, además, una dimensión práctica. Mantener una misma hora durante los doce meses obligaría a revisar cómo distribuimos las obligaciones y el tiempo libre, según plantea Linazasoro: «Si tuviésemos permanentemente un horario de invierno, habría que adaptar tanto los horarios laborales como los horarios de las actividades sociales a la nueva realidad».