Foto: EC
Cuando una tormenta azota el océano, su impacto no afecta solo a la superficie. Una parte baja miles de metros hasta el fondo marino a través de unas columnas que se forman en el centro de algunos remolinos gigantes, las llamadas chimeneas inerciales. Un equipo del Instituto de Oceanología de la Academia China de Ciencias (IOCAS) ha calculado de dónde sale la energía que llega al fondo, y asegura que su trabajo puede ayudar a detectar submarinos y a comunicarse bajo el agua.
Los investigadores han usado los registros de 46 estaciones ancladas en el fondo del Pacífico, al este de Japón, repartidas en una cuadrícula de unos 600 por 600 kilómetros. Esas estaciones coinciden con una red a más de 5.000 metros de profundidad que varios centros de investigación instalaron allí entre 2004 y 2006, con dinero de la Fundación Nacional de Ciencia de EEUU. Los datos son públicos, y el equipo chino no desplegó sensores propios, sino que volvió a analizar esos registros.
Los investigadores aseguran que el fondo del océano "no es un estanque de agua quieta". Las tormentas de la superficie llegan hasta él y cambian su temperatura y su salinidad en cuestión de horas o de estaciones. Un barco que mide de vez en cuando no puede seguir esos cambios. Por eso, dice el instituto, hace falta vigilarlo de forma continua y durante años con sensores anclados en el fondo, como los que recogieron estos datos.
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Submarinos menos invisibles
El término chimeneas no viene de los investigadores chinos, lo acuñaron los oceanógrafos Lee y Niiler en un estudio de 1998 sobre cómo se drena la energía de la superficie hacia las capas profundas. Y en 2010, investigadores estadounidenses ya estudiaron las ondas profundas de esa misma zona.
Lo que aporta el trabajo chino es la cuenta de cuánto pesa cada factor. El IOCAS dice que los cambios de temperatura y salinidad alteran el camino que recorre el sonido bajo el agua y cuánto se debilita, y que combinar estas medidas con modelos acústicos puede ayudar a la detección y las comunicaciones submarinas.
Los investigadores analizaron los datos recopilados durante dos años en una zona de la región de la Extensión de Kuroshio, frente a las costas de Japón. (IOCAS)
El interés militar de este descubrimiento es evidente, porque el sonido sigue siendo la herramienta principal para encontrar un submarino. China lleva años sembrando el fondo del mar de sensores y, según una investigación de Reuters publicada en marzo, ya tiene equipos al este de Japón, cerca de Filipinas y alrededor de Guam. Hablando de ese despliegue, y no de este estudio, Peter Scott, exjefe de la fuerza de submarinos australiana, dijo a la agencia que esos datos pueden ser "potencialmente inestimables para preparar el espacio de combate".
Este descubrimiento es una bala más en la recámara de Pekín en su plan de quitarles a los submarinos su mayor ventaja, la invisibilidad. En mayo, científicos chinos ya presentaron un magnetómetro cuántico montado en un dron para localizarlos, y cada vez hay más tecnologías que buscan su rastro en lugar de su ruido.
Una idea de hace casi 30 años
El estudio, firmado por la doctoranda Mu Yurong y el investigador Xu Yongsheng, se ha publicado en la revista Deep-Sea Research Part I. Según el instituto, el 68 % de los cambios en la energía de estas ondas cerca del fondo depende de lo que pasa en las capas altas del océano.
Cuando el viento impacta en la superficie del océano, empuja el agua y, por la rotación de la Tierra, esta empieza a oscilar como un péndulo. De ahí nacen unas ondas internas que guardan la energía del viento y la van pasando de capa en capa hacia abajo, explica el IOCAS en su comunicado. El problema es que el océano está ordenado en capas, con el agua cálida arriba y la fría abajo, y esta estructura frena la bajada de la energía.
Los remolinos que se producen bajo el agua cambian esta dinámica. Según explican los investigadores, los que giran en el sentido de las agujas del reloj en el hemisferio norte aceleran el descenso de esas ondas y las concentran en su centro, como un embudo. Los que giran al revés hacen lo contrario.
"Estos resultados ponen de relieve la influencia conjunta de los procesos superficiales y de fondo en la dinámica energética casi inercial de las profundidades oceánicas y sientan las bases observacionales para integrar modelos empíricos, observaciones de alta resolución y simulaciones con el fin de profundizar en el conocimiento de las vías de transferencia de energía verticales", escribe el equipo.